domingo, septiembre 10, 2006

Te leo

El viernes nos leímos mutuamente, apareciste allí como el primer día que te conocí, entraste y comenzaste a decir esas locuras que sólo a ti se te ocurren, mi corazón dio un vuelco porque pensé que jamás acudirías a mí llamada, pero allí estabas. Por un momento mi mente se paralizo y mi cuerpo fue recorrido por montones de sensaciones entrelazadas, miedo , alegría, angustia, nostalgia, tristeza, estabas allí y sentí una especie de miedo escénico, estaba confusa, sorprendida, nerviosa. Tengo un don especial: no saber actuar en momentos vitales para mí, siempre término arruinándolos, es algo crónico. Siento como mis dedos se paralizan , estás ahí, como ese día como esa tarde, mis dedos se agarrotan , poco a poco se va soltando, escribo , tengo miedo, no se que decirte no quiero parecer pesada, ni cargante, intento disfrazar mi estado de ánimo, te leo me gusta leerte siempre me ha gustado, por eso siempre te ánime a que escribieras, por eso te regale esa libreta de hojas recicladas para que no dejaras de escribir nunca, por que sabría que un día te irías y sólo me quedarían tus palabras impresas. Estoy frente a esta pantalla y te estoy leyendo, hablamos de cosas banales, yo sólo quiero que escribas tu, necesito leerte, en algunos momentos contengo las lagrimas, solo quiero leerte, como hacíamos antes, la de veces que nos hemos leído……….Estás amable, me cuentas cosas, me hablas de tu familia, de tu trabajo, de las cosas graciosas con las que tanto nos reíamos, pareces tranquilo, yo no se lo que escribo, estoy nerviosa, tiemblo, tengo miedo a poner algo que no sea de tu agrado , algo que pueda molestarte y decidas irte.

Toco la pantalla con mis dedos, estás ahí no me lo puedo creer, fumo e intento escribir lo mejor que se, estás ahí y mi corazón late a mil por hora, late tan fuerte que llego a oirlo, siento como se desvanece todo, me mareo, siento que me voy a desplomar, intento que tu no lo notes, tengo miedo que te vayas, así que saco fuerzas de donde ya no las tengo. Me repongo de tantas emociones entremezcladas, me encanta saber que estás ahí, escribiendo para mi, para que yo te lea, te siento por un momento aquí a mí lado, siento unas ganas terribles de abrazar la pantalla.

Llega la hora y me dices que te tienes que ir, y siento ese malestar que uno tiene cuando es despertado mientras soñaba algo bonito. Me dices adiós y siento como una patada en es estomago.

Me siento ridícula, me hubiera gustado contarte un montón de cosa, pero la emoción me pudo.