
Me siento mal y la vez me siento mal por sentirme mal, el me mira y yo le miro, me habla y me hace reír, me cuenta cosas sin importancia, me dice que siempre me ha querido desde que éramos unos niños, que por nada del mundo se imaginaba encontrarme allí, yo tampoco pensé encontrármelo allí. Me dices que nos olvidemos del mundo como antes y que nos vayamos a otro sitio, bebemos mucho quizá demasiado, me pones al día, hablamos entre copas vacías, fumamos, nos reímos, me dices que sigo teniendo la misma mirada triste de siempre, me cuentas que estás pensado en irte a vivir definitivamente a Salamanca, el sonríe como haciéndome entender que así nos veremos mas, no quiere que perdamos el contacto.
Te cuento mi vida y tu me cuentas la tuya, no son tan diferentes, nunca hemos tenido suerte, de repente sacas tu cartera y me enseñas una foto tuya y mía, hecha hace trece años atrás, enseguida recuerdo que nos la hicimos en el fotomatón del parque grande, nos reímos, somos jóvenes, con nuestro aspecto de quinquilleros, con mas pendientes de lo necesario, pero se nos ve tan felices, me cuentas que siempre has llevado esa foto en todos tus viejas, me ruborizo como una niña pequeña, llevas guardado hasta el envoltorio del chicle de melón que un día te di, me haces sentir querida y recordada.
Seguimos bebiendo, te digo que me duelen los pies que no aguanto mas los tacones, así que nos paramos en el banco de la plaza a sentarnos, bromeas como hacías antes me repites la misma frase que solías decirme cuando te decía que no podía caminar “Cuando eres mas canija me gustas más”, te cuento que hace mas de un año que no salgo de casa y que los tacones los tenía olvidados, me miras con esa mirada tuya, de niño indefenso pero siempre atento a todo lo que digo, me dices que desde ahora me sacaras por los pelos si es necesario, me río cuando te pones a imitar a Sonia, nos preguntamos que habrá sido de ella.
Nos levantamos del banco, me convences con tus artimañas para tomar la última copa, me agarras la mano, con timidez, con miedo a que la retire, pero no lo hago. Me acompañas a casa y no quiero que pase lo que veo venir, me besas y yo dejo que lo hagas, es la prueba de fuego, cierro los ojos y uno tus labios a los míos, no quiero pensar en nada, solo comprobar si soy capaz de besar otros labios, de repente la imagen de Carlos viene a mi cabeza, me retiro violentamente de ti, entro en el portal y ni siquiera miro atrás.
No soy capaz de besar a nadie, no puedo olvidarlo…tengo cuatro llamadas perdidas en el móvil de Israel y no soy capaz de contestarle ni llamarle para pedirle disculpas. Me siento una ruin, una miserable. Me doy asco y me odio por no ser capaz de olvidar, por no ser capaz de darme una oportunidad como tú me decías.
De alguna manera que no entiendo, Carlos sigue estando presente en mi vida, tanto que soy incapaz de besar otros labios que no sean los suyos, creo que lo voy entendiendo, solo se besar si beso tus labios.
Te cuento mi vida y tu me cuentas la tuya, no son tan diferentes, nunca hemos tenido suerte, de repente sacas tu cartera y me enseñas una foto tuya y mía, hecha hace trece años atrás, enseguida recuerdo que nos la hicimos en el fotomatón del parque grande, nos reímos, somos jóvenes, con nuestro aspecto de quinquilleros, con mas pendientes de lo necesario, pero se nos ve tan felices, me cuentas que siempre has llevado esa foto en todos tus viejas, me ruborizo como una niña pequeña, llevas guardado hasta el envoltorio del chicle de melón que un día te di, me haces sentir querida y recordada.
Seguimos bebiendo, te digo que me duelen los pies que no aguanto mas los tacones, así que nos paramos en el banco de la plaza a sentarnos, bromeas como hacías antes me repites la misma frase que solías decirme cuando te decía que no podía caminar “Cuando eres mas canija me gustas más”, te cuento que hace mas de un año que no salgo de casa y que los tacones los tenía olvidados, me miras con esa mirada tuya, de niño indefenso pero siempre atento a todo lo que digo, me dices que desde ahora me sacaras por los pelos si es necesario, me río cuando te pones a imitar a Sonia, nos preguntamos que habrá sido de ella.
Nos levantamos del banco, me convences con tus artimañas para tomar la última copa, me agarras la mano, con timidez, con miedo a que la retire, pero no lo hago. Me acompañas a casa y no quiero que pase lo que veo venir, me besas y yo dejo que lo hagas, es la prueba de fuego, cierro los ojos y uno tus labios a los míos, no quiero pensar en nada, solo comprobar si soy capaz de besar otros labios, de repente la imagen de Carlos viene a mi cabeza, me retiro violentamente de ti, entro en el portal y ni siquiera miro atrás.
No soy capaz de besar a nadie, no puedo olvidarlo…tengo cuatro llamadas perdidas en el móvil de Israel y no soy capaz de contestarle ni llamarle para pedirle disculpas. Me siento una ruin, una miserable. Me doy asco y me odio por no ser capaz de olvidar, por no ser capaz de darme una oportunidad como tú me decías.
De alguna manera que no entiendo, Carlos sigue estando presente en mi vida, tanto que soy incapaz de besar otros labios que no sean los suyos, creo que lo voy entendiendo, solo se besar si beso tus labios.


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