Pero Bailemos.......hasta el cielo.
Y me entra el miedo escénico, pero decido ir a nuestra cita, te pones en plan cabezón y me vienes a buscar, son las diez de la mañana y ya estamos dando vueltas con el coche, sin saber donde ir. Recorremos nuestra ciudad, la de nuestra infancia, no parece tan pequeña, si la revisamos juntos, nos reímos mucho, recordando miles de cosas, te empeñas en ir al parque grande, el suelo esta húmedo, los aspersores siguen funcionando, quizá hayamos madrugado demasiado, pero nos sentamos como entonces. No paras de contarme cosas, me encanta que recuerdes las misma cosas que yo, te pones a cantar esa canción horrible, te acuerdas te sigues acordando de eso, es increíble parece que el tiempo no ha pasado.
Cogemos el coche y me pongo pesada porque quiero que escuches el disco que acabo de comprar, me dices que es feísima, que sigo teniendo los gustos atrofiados musicalmente hablando, pero terminas cantando la canción conmigo, es pegadiza, la cantamos gritando, no quiero que te vayas, me entra una sensación de nostalgia terrible.
Las cosas entre tu y yo están mas o menos claras, pero no quiero que te vayas, quiero que todos los días sean como este.
Comemos en los chiringuitos, si tienes razón esa calle siempre huele mal, empiezas a hacer bromas sobre el sabor de la comida y el olor. A veces eres terriblemente pesado repitiendo la misma gracia cien veces, pero las cien veces sigue haciéndonos reír. Me pides que te acompañe a comprar unas zapatillas, todas son bonitas, pero eliges las mas feas, en eso no cambias, quizá es porque eres daltónico aunque te empeñes en decir que no sabes lo que es eso, pero que no, es que tu simplemente ves las cosas de otra manera.
Me cuentas que echas de menos Zamora, yo te cuento que me escaparía de aquí sin dudarlo, te ríes cuando te cuento que me iría a vivir a Madrid, dices que esa ciudad consume a las personas, y que el estrés de la gran ciudad me pondría más de mala leche.
No dudas en regalarme todo tipo de abrazos, como cuando éramos niños, me abrazas y dices que sigo oliendo igual, que se nota que no he cambiado de colonia, te digo que si, que hace años que no uso la colonia de Anouk, me dices que entonces debe ser que mi olor corporal es bueno.
El día se va consumiendo, y no he tenido el valor para decirte lo que quiero contarte, pero creo que de alguna manera lo sabes, creo que nadie me conoce como tú, contigo no me hace falta decir las cosas, no se como ni porque, pero las sabes, así que no te cuento nada.
Me dejas en casa, hablamos en la puerta mucho rato, me dices que mañana no puedes quedar por la mañana, pero que me invitas a comer, acepto tu invitación, me abrazas fuerte y me besas el pelo, te beso en la mejilla y haces la misma gracia que hacías cuando éramos pequeños, haces el amago de poner los labios, pero no lo haces, sabes que no puedo besarte, cuando estamos juntos, no hacen falta los besos.
Te despides diciéndome que hasta mañana y te vas tarareando la canción de “bailemos”, parece ser que mi gusto musical no es tan malo.
Te vas el viernes y no quiero que te vayas.
Cogemos el coche y me pongo pesada porque quiero que escuches el disco que acabo de comprar, me dices que es feísima, que sigo teniendo los gustos atrofiados musicalmente hablando, pero terminas cantando la canción conmigo, es pegadiza, la cantamos gritando, no quiero que te vayas, me entra una sensación de nostalgia terrible.
Las cosas entre tu y yo están mas o menos claras, pero no quiero que te vayas, quiero que todos los días sean como este.
Comemos en los chiringuitos, si tienes razón esa calle siempre huele mal, empiezas a hacer bromas sobre el sabor de la comida y el olor. A veces eres terriblemente pesado repitiendo la misma gracia cien veces, pero las cien veces sigue haciéndonos reír. Me pides que te acompañe a comprar unas zapatillas, todas son bonitas, pero eliges las mas feas, en eso no cambias, quizá es porque eres daltónico aunque te empeñes en decir que no sabes lo que es eso, pero que no, es que tu simplemente ves las cosas de otra manera.
Me cuentas que echas de menos Zamora, yo te cuento que me escaparía de aquí sin dudarlo, te ríes cuando te cuento que me iría a vivir a Madrid, dices que esa ciudad consume a las personas, y que el estrés de la gran ciudad me pondría más de mala leche.
No dudas en regalarme todo tipo de abrazos, como cuando éramos niños, me abrazas y dices que sigo oliendo igual, que se nota que no he cambiado de colonia, te digo que si, que hace años que no uso la colonia de Anouk, me dices que entonces debe ser que mi olor corporal es bueno.
El día se va consumiendo, y no he tenido el valor para decirte lo que quiero contarte, pero creo que de alguna manera lo sabes, creo que nadie me conoce como tú, contigo no me hace falta decir las cosas, no se como ni porque, pero las sabes, así que no te cuento nada.
Me dejas en casa, hablamos en la puerta mucho rato, me dices que mañana no puedes quedar por la mañana, pero que me invitas a comer, acepto tu invitación, me abrazas fuerte y me besas el pelo, te beso en la mejilla y haces la misma gracia que hacías cuando éramos pequeños, haces el amago de poner los labios, pero no lo haces, sabes que no puedo besarte, cuando estamos juntos, no hacen falta los besos.
Te despides diciéndome que hasta mañana y te vas tarareando la canción de “bailemos”, parece ser que mi gusto musical no es tan malo.
Te vas el viernes y no quiero que te vayas.


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