jueves, agosto 02, 2007

París eres tú


Nada mas poner los pies en esa ciudad me enamore de ella como lo hice de ti, cuanto mas la fui conociendo mas consciente fui de su influjo, el mismo que tú tienes sobre mí, cuando conocí todos sus recovecos quise recórrelos mil veces más, al igual que cuando conocí tu cuerpo desnudo.
París es la ciudad del amor, al igual que tu eres el amor de mi vida, te eche de menos tanto, tantísimo, que varias veces me desperté en medio de la noche alargando el brazo hacía la otra cama, pensando que sería tu mano la que encontraría, pensé que todo había sido un mal sueño, una pesadilla terrible, fue horrible ver que mi mano no tocaba la tuya, que nunca más lo hará.
Una extraña nostalgia me invadió, es como que aún no me acostumbro a vivir sin ti, se hace duro no tenerte, el tiempo nunca pasa para todos igual, no es que te espere, pero a veces me gusta imaginar que un día volverás, me resulta más sencillo y menos cruel soñar que un día regresaras a abrazarme, tengo tantas cosas que contarte, millones de besos y caricias escondidas sólo para ti, me pesa tanto tu ausencia. Que mantengo esa esperanza de que el destino sea generoso de nuevo, para poder seguir mirando hacia adelanta.
Cuando pase por Madrid, el nudo en la garganta volvió y se desato al pasar por la puerta de tu casa, te busque entre los conductores, entre la marea humana que caminaba, te busque y de nuevo no te encontré. Tu no lo sabes, pero me he pasado toda mi vida buscándote y se que no te encontrare de nuevo, pero te busco.
Un día estando allí las lágrimas hicieron acto de presencia con toda su fuerza, como si las hubiera estado mucho tiempo reteniendo, ese día el cielo no quiso dejarme sola y lloró conmigo, te extrañe mucho, muchísimo. No me gusta ir en avión si no vienes conmigo, me da miedo, tu me hacías ser valiente, desde que no estás no soy nada, absolutamente nada.
Y quise navegar por el Sena contigo, quise pasear contigo por el barrio de Montmartre, sentarnos en los jardines de Versalles,subir a la Torre Eiffel contigo, ver como por la noche la iluminan, como se iluminaban tus ojos cuando me decías que mil kilómetros no son mas que uno, y me odie por no ser capaz de hacerte feliz, de no darte todo aquello que tú necesitabas.
Desde hoy París eres tú, todo lo bello termina rompiéndose.