La última vez
Un día como hoy hace un año, fue la última vez que te vi, decidí ir a verte, necesitaba verte una vez más, así que cogí un poco de ropa y fui a verte, el trayecto en autobús hasta tu casa fue extraño, estaba asustada, no sabía como ibas a reaccionar, ni siquiera sabia si irías a buscarme a la estación. Recuerdo perfectamente que el día que yo iba a ir a tu casa, estaba nevando mucho, mientras estaba en la peluquería veía caer los copos de nieve mientras cruzaba los dedos para que no suspendieran los viajes hasta tu ciudad.
Camino de tu casa, pensaba como sería nuestro reencuentro, ingenua de mí fantaseaba con la idea romántica de que al bajar del autobús y me vieras, te decidieras ha darme un abrazo como esos que se dan en las películas, que tu cara dibujaría una gran sonrisa, pero no fue así, te limitaste a darme dos besos, como los que se dan dos desconocidos cuando son presentados, cogiste mi maleta y fuimos dirección a tu coche. Un vez que llegamos a tu casa, te comente que si no te importaba me quedaría tres días, no dijiste nada, asentiste con la cabeza sin más. Tu sentado en un sillón y yo en el otro, sin mirarnos sin hablarnos, como dos desconocidos, no pude resistirlo más y te pregunte si podía darte un abrazo, me dijiste que si, me levante con miedo y me acerque a ti, me puse de rodillas delante de ti y te abrace fuerte muy fuerte, sentí como tus brazos me rodearon con fuerza, como hacías cuando me querías, me devolviste el abrazo, yo egoísta de mí te bese y me dejaste hacerlo, me moría por besarte.
Ese fue el único momento en el que no me sentía rechazada, el resto de los días en tu casa, los pase sola, tu trabajas mucho, siempre has trabajado demasiado, venias a comer a casa porque sabias que yo te esperaba, pero venias cabizbajo, apenas hablabas conmigo, me regalabas besos que no sentías, pero te veías de alguna manera obligado a dar. Mientras tu no estabas, yo miraba tu casa con detenimiento, miraba cada habitación, intentaba memorizar todo lo que fuera posible, tu casa es sencilla, todo esta perfectamente ordenado, limpia, nada recargada, es un fiel reflejo de cómo eres tu, tranquilo, sereno, pausado, tu casa hace sentir bien a cualquiera que la pisa.
Yo sabía que esa casa nunca sería mía, que nunca viviría en ella, por eso puse un interés especial en quedarme con todos los detalles, no se me podía olvidar nada.
Hicimos el amor muchas veces, demasiadas quizá, pero ya no era lo mismo, eras frió, distante, poco cariñoso, fue horrible darme cuenta que ya no me quieras, que sólo era un cuerpo a tu lado, nada mas, sólo un cuerpo.
Sabes una cosa, esto nunca te lo conté, pero cuando tu no estabas cogía tus discos de Pedro Guerra y de Hilario Camacho , los escuchaba una y otra vez, sentada en la mesa de tu salón mientras mi cara era inundada por una mar de lagrimas, nunca creí que esto fuera a terminar así, como dos desconocidos que no saben que decirse, yo te hubiera dicho mil cosas, pero tenía miedo, estaba siendo consciente de que todo se acababa, que sería la última vez que me vería allí sentada.
El día que me tuve que volver, llegaste a casa justo a la hora en la que yo tenía que irme no llegaste como otras veces unas horas antes para poder estar juntos, eso día llegaste con el tiempo justo de coger mi maleta y llevarme a la estación.
Mientras esperábamos al autobús no deje de besarte y abrazarte ni un solo momento, pero tu no me devolviste ni un solo abrazo, yo miraba a la pareja que estaba al lado nuestro, ellos no paraban de besarse de mirarse a los ojos, los odie, porque yo quería que tu me besaras así, que me abrazaras con fuerza, que me dijeras cosas al oído, pero tu no decías nada, estaba todo dicho ya.
Cuando llego el autobús me quise morir, porque sabía que en el momento que me subiera a el, no te vería nunca mas y así fue, nunca mas te he vuelto a ver.
El trayecto a mi casa fue terrible, no podía parar de llorar mientras la chica que se sentaba a mi lado, me miraba con una sonrisa asustadiza y preguntaba que si estaba bien, no, no estaba bien Carlos, estaba muerta en vida, es horrible subir a un autobús y saber que vuelves a los infiernos, vuelves a la vida real, esa vida que sabes que tanto odio, esa vida carente de sentido, estar contigo ha sido un viaje fascinante, lleno de emociones maravillosas, de besos y caricias, tu me hiciste creer que la vida podía ser maravillosa, pero no lo es, la vida es maravillosa si se comparte contigo, jamás te olvidaré.
Camino de tu casa, pensaba como sería nuestro reencuentro, ingenua de mí fantaseaba con la idea romántica de que al bajar del autobús y me vieras, te decidieras ha darme un abrazo como esos que se dan en las películas, que tu cara dibujaría una gran sonrisa, pero no fue así, te limitaste a darme dos besos, como los que se dan dos desconocidos cuando son presentados, cogiste mi maleta y fuimos dirección a tu coche. Un vez que llegamos a tu casa, te comente que si no te importaba me quedaría tres días, no dijiste nada, asentiste con la cabeza sin más. Tu sentado en un sillón y yo en el otro, sin mirarnos sin hablarnos, como dos desconocidos, no pude resistirlo más y te pregunte si podía darte un abrazo, me dijiste que si, me levante con miedo y me acerque a ti, me puse de rodillas delante de ti y te abrace fuerte muy fuerte, sentí como tus brazos me rodearon con fuerza, como hacías cuando me querías, me devolviste el abrazo, yo egoísta de mí te bese y me dejaste hacerlo, me moría por besarte.
Ese fue el único momento en el que no me sentía rechazada, el resto de los días en tu casa, los pase sola, tu trabajas mucho, siempre has trabajado demasiado, venias a comer a casa porque sabias que yo te esperaba, pero venias cabizbajo, apenas hablabas conmigo, me regalabas besos que no sentías, pero te veías de alguna manera obligado a dar. Mientras tu no estabas, yo miraba tu casa con detenimiento, miraba cada habitación, intentaba memorizar todo lo que fuera posible, tu casa es sencilla, todo esta perfectamente ordenado, limpia, nada recargada, es un fiel reflejo de cómo eres tu, tranquilo, sereno, pausado, tu casa hace sentir bien a cualquiera que la pisa.
Yo sabía que esa casa nunca sería mía, que nunca viviría en ella, por eso puse un interés especial en quedarme con todos los detalles, no se me podía olvidar nada.
Hicimos el amor muchas veces, demasiadas quizá, pero ya no era lo mismo, eras frió, distante, poco cariñoso, fue horrible darme cuenta que ya no me quieras, que sólo era un cuerpo a tu lado, nada mas, sólo un cuerpo.
Sabes una cosa, esto nunca te lo conté, pero cuando tu no estabas cogía tus discos de Pedro Guerra y de Hilario Camacho , los escuchaba una y otra vez, sentada en la mesa de tu salón mientras mi cara era inundada por una mar de lagrimas, nunca creí que esto fuera a terminar así, como dos desconocidos que no saben que decirse, yo te hubiera dicho mil cosas, pero tenía miedo, estaba siendo consciente de que todo se acababa, que sería la última vez que me vería allí sentada.
El día que me tuve que volver, llegaste a casa justo a la hora en la que yo tenía que irme no llegaste como otras veces unas horas antes para poder estar juntos, eso día llegaste con el tiempo justo de coger mi maleta y llevarme a la estación.
Mientras esperábamos al autobús no deje de besarte y abrazarte ni un solo momento, pero tu no me devolviste ni un solo abrazo, yo miraba a la pareja que estaba al lado nuestro, ellos no paraban de besarse de mirarse a los ojos, los odie, porque yo quería que tu me besaras así, que me abrazaras con fuerza, que me dijeras cosas al oído, pero tu no decías nada, estaba todo dicho ya.
Cuando llego el autobús me quise morir, porque sabía que en el momento que me subiera a el, no te vería nunca mas y así fue, nunca mas te he vuelto a ver.
El trayecto a mi casa fue terrible, no podía parar de llorar mientras la chica que se sentaba a mi lado, me miraba con una sonrisa asustadiza y preguntaba que si estaba bien, no, no estaba bien Carlos, estaba muerta en vida, es horrible subir a un autobús y saber que vuelves a los infiernos, vuelves a la vida real, esa vida que sabes que tanto odio, esa vida carente de sentido, estar contigo ha sido un viaje fascinante, lleno de emociones maravillosas, de besos y caricias, tu me hiciste creer que la vida podía ser maravillosa, pero no lo es, la vida es maravillosa si se comparte contigo, jamás te olvidaré.




