No me digas adios
No me gustan las despedidas, es algo que odio desde mi mas tierna infancia, recuerdo los veranos, que mi madre nos llevaba al pueblo a casa de mi abuela y ella después de darnos nuestro correspondiente beso tanto a mí como a mis hermanos nos decía adiós con la mano, ese gesto a mi me partía el corazón, mientras mis hermanos se despedían de ella felices y contentos porque se pasarían el día yendo a la piscina y jugando con sus amigos, yo sentía una tristeza enorme, que disimulaba frunciendo el ceño y frotándome los ojos para no dejar salir las lagrimas de mis ojos.A veces tengo la sensación de que la vida es un bucle infinito de despedidas, tarde o temprano tenemos que despedirnos de cosas, de personas, de sentimientos que han convivido con nosotros durante un periodo determinado.
Los aeropuertos son puntos de encuentro pero también de despedidas, allí tengo que decirle un hasta pronto a alguien que me llena por complemento, alguien que sin yo quererlo se esta haciendo imprescindible en mi vida. Siempre que salgo de uno de ellos sin esa persona salgo haciendo un esfuerzo casi heroico para mantener el tipo, para no dejar que las lagrimas broten, quizá sea por esa educación que he recibido donde de alguna manera hemos aprendido a no demostrar a los demás nuestros sentimientos ni debilidades, quizá sólo sea pura vergüenza de dejarnos ver como realmente somos o sentimos, no lo sé. El caso es que cuando salgo de allí necesito llorar, me lo pide el cuerpo, así que muchas veces me meto en el primer baño que encuentro, me siento sobre la tapa y lloro tranquila, sin prisa. Otras veces, espero a llegar al autobús que me lleva a mí casa y haciendo movimientos de autentica contorsionista me acurruco de tal manera que nadie me pueda ver la cara.
No me gusta decir adiós, de hecho siempre digo chao (sé que tiene el mismo significado que adiós, pero para mi no) o con un hasta luego, nos vemos. Ojala las distancias no existieran, ojala todo fuera más sencillo y menos duro para ti y para mí, pero mientras todo cambia, te confesaré “Hasta entonces nunca me habían aterrado de esta forma los aeropuertos”.Nos vemos.
Ilustración:Remedios Varo.

