Lo absurdo de vivir

viernes, marzo 28, 2008

No me digas adios

No me gustan las despedidas, es algo que odio desde mi mas tierna infancia, recuerdo los veranos, que mi madre nos llevaba al pueblo a casa de mi abuela y ella después de darnos nuestro correspondiente beso tanto a mí como a mis hermanos nos decía adiós con la mano, ese gesto a mi me partía el corazón, mientras mis hermanos se despedían de ella felices y contentos porque se pasarían el día yendo a la piscina y jugando con sus amigos, yo sentía una tristeza enorme, que disimulaba frunciendo el ceño y frotándome los ojos para no dejar salir las lagrimas de mis ojos.
A veces tengo la sensación de que la vida es un bucle infinito de despedidas, tarde o temprano tenemos que despedirnos de cosas, de personas, de sentimientos que han convivido con nosotros durante un periodo determinado.
Los aeropuertos son puntos de encuentro pero también de despedidas, allí tengo que decirle un hasta pronto a alguien que me llena por complemento, alguien que sin yo quererlo se esta haciendo imprescindible en mi vida. Siempre que salgo de uno de ellos sin esa persona salgo haciendo un esfuerzo casi heroico para mantener el tipo, para no dejar que las lagrimas broten, quizá sea por esa educación que he recibido donde de alguna manera hemos aprendido a no demostrar a los demás nuestros sentimientos ni debilidades, quizá sólo sea pura vergüenza de dejarnos ver como realmente somos o sentimos, no lo sé. El caso es que cuando salgo de allí necesito llorar, me lo pide el cuerpo, así que muchas veces me meto en el primer baño que encuentro, me siento sobre la tapa y lloro tranquila, sin prisa. Otras veces, espero a llegar al autobús que me lleva a mí casa y haciendo movimientos de autentica contorsionista me acurruco de tal manera que nadie me pueda ver la cara.
No me gusta decir adiós, de hecho siempre digo chao (sé que tiene el mismo significado que adiós, pero para mi no) o con un hasta luego, nos vemos. Ojala las distancias no existieran, ojala todo fuera más sencillo y menos duro para ti y para mí, pero mientras todo cambia, te confesaré “Hasta entonces nunca me habían aterrado de esta forma los aeropuertos”.Nos vemos.

Ilustración:Remedios Varo.


jueves, marzo 06, 2008

Semilla en la tierra.

Hacía mucho tiempo que una canción no me emocionaba tanto.

Duele, la vida como un puñal hay veces que duele
y nada tiene que ver con tu boca
que hecha para besar hay veces que muerde
que anuncia cordura y a veces se vuelve loca
Y duele porque la piel no es materia inerte
Duele porque el querer es dolerse a veces.

Tiembla, la vida como con miedo
hay veces que tiembla
y nada tiene que ver con el aire
que mueve tu ropa en noches de luna escueta
que aprieta suelta y evoca y me enloquece

tiembla por los látidos que tu provocas
y también porque el querer es temblar a veces.

Y cada uno en su camino
va cantando espantando sus penas
Y cada cual en su destino
va llenando de soles sus venas.

Y yo aquí sigo en mi trinchera, corazón
tirando piedras, contra la última frontera
La que separa el mar del cielo
del color de tus maneras
la que me lleva a la guerra, a ser semilla en la tierra.

Y no me pidas tanto, corazón
que tengo poco aire en el pulmón
lo que tengo es un castillo en el cielo
si viene la guadaña a mi rincón
enjuágame la frente en tu sudor
y le das un beso a todos si me muero...

Ríe, la vida como un volcán hay veces que ríe
y nada tiene que ver con el tiempo
Se ríe porque para ella somos tan leves
como el humo azul que del pudor se desprende
y ríe porque tu llanto se lo merece
y también porque el querer es reírse a veces.

Vive, la vida por compasión
hay veces que vive
y nada tiene que ver con la muerte
Y cuando llegue ese instante
déjame verte
que no hay mayor libertad
que tenerte enfrente
y que nadie sea absuelto
por no quererse
y vive porque el querer es vivir con creces.

Y cada uno en su camino
va cantando espantando sus penas
Y cada cual en su destino
va llenando de soles sus venas.

Y yo aquí sigo en mi trinchera, corazón
tirando piedras, contra la última frontera
La que separa el mar del cielo
del color de tus maneras
la que me lleva a la guerra, a ser semilla en la tierra.

Y no me pidas tanto, corazón
que tengo poco aire en el pulmón
lo que tengo es un castillo en el cielo
si viene la guadaña a mi rincón
enjuágame la frente en tu sudor
y le das un beso a todos si me muero...

Y si todo es semilla no me dolerá la astilla
que sangran de mi costado
tus andares de chiquilla, y no me digas nada,
déjame a mi
en mi ventana con los pies del otro lado,
yo me fumo mis mañanas.