En Calma.
Nicoletta Tomas Caravia Yo no sé que me pasa, pero siento unas ganas enfermizas de escapar de todo, de alejarme de todo lo que me rodea, a veces me da miedo, porque creo que me he acostumbrado tanto a mi soledad, que ahora solo me siento bien cuando estoy completamente sola.
He encontrado una especie de oasis al que escapar, cada vez que la pena y el aburrimiento se apoderan de mí, es un lugar que antes detestaba, al cual cuando era niña iba obligada, pero ahora cada vez que voy, siento una especie de paz interna.
El sábado mientras paseaba por las calles de ese pueblo que en mi infancia odie, porque me sentía una extraña, ahora me siento una más, camino por las calles, me paro a mirar todo, todo me parece precioso, tranquilo, las calles empedradas, me siento a ver el rió, y puedo pasarme horas, siento como que nada importa, me siento liberada, sigo caminado hacia lo alto del pueblo, y veo unos pisos de nueva construcción, que no desentonan con el paisaje y como por inercia entro a verlo por dentro, me encanta, es pequeño, muy pequeño, pero las vistas son maravillosas. Salgo de ver el piso con la idea estúpida de comprarlo, de irme a vivir allí, miro los catálogos sobre la información del piso, lo quiero, lo quiero, como al que se le antoja un chupachus, me quiero ir a vivir allí.
Entro a un bar, la gente me mira extrañada, nadie me conoce, pido un café y me siento a tomármelo con calma, saco mi libreta y escribo, escribo tonterías, pero por mi mente sigue rodando esa idea una y otra vez, dejarlo todo e irme.
Me paro a ver unos bailes regionales y me sorprendo a mi misma, aplaudiendo, cuando era pequeña, en el colegio a las chicas las “obligaban” apuntarse a bailes regionales, yo los odiaba, yo quería apuntarme a kárate, pero no me dejaron, así que no me apunte a nada, así que tuve que sentir como mis propias amigas me decían que las niñas tienen que bailar, que era una marimacho, pero eso siempre me dio igual, en las horas extraescolares a los que no querían apuntarse a nada, nos mandaban a la biblioteca a estudiar, yo en cambio leía, me leí el principito millones de veces, me pareció y sigue pareciendo el cuento mas bonito jamás contado, muchas años mas tarde mi madre me regaló una edición especial del Principito que guardo como un tesoro, a el también se lo regalé, supongo que nunca lo leyó.
Hacía tiempo, que no sentía esa sensación de libertad, de bienestar, de estar en calma conmigo misma, hasta que tu recuerdo se coló como en un extraño en una fiesta, y me acorde de las veces que jugábamos a nuestra fuga a un pueblecito perdido, donde no hubiera nada, solo estaríamos tu y yo, tendríamos un huerto, unos cuantos animales y poco mas, cuantas veces lo pensamos, a veces lo decías tan serio que llegué a creérmelo, era una idea fascinante, la nada, tu y yo.
Esta vez tu recuerdo, no me puso triste, mi cara esbozo una sonrisa, simplemente una sonrisa llena de nostalgia.
No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos” ( El Principito).



